El cielo puede esperar

La madrugada es un tormento de entresueño y despierto donde sobran las paredes, el cuarto, la nostalgia. Deambulo por la casa buscando que sea cierto… detrás de las cortinas o en el sofá; sentada, desnuda o recostada, pero no. Rebusco entre jazmines el olor de su sombra, me refugio en las sábanas vacías de su cuerpo y el silencio me invade con su triste canción. Ya casi en unas horas debe romper el día, me morderán la carne los demonios del alba y Eva no llegará para sanarme esta falta de sueño, de sus brazos, de todo… Y de pronto el teléfono deshace el caos reinante…

Buenos días, mi ángel, yo tampoco he dormido, el paraíso es pobre si no estamos los dos.

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