Conversaciones nocturnas

Tienes muchas formas de mirarme pero esta en especial me enciende. Es como si me estuvieras abrazando viva. Sí, así, pon tus manos en mis caderas. ¿Puedo seguir con mi sarta de besos? ¡Qué más da! Hoy tú no digas nada…No tengas miedo, sé que estás adolorido, voy a tener cuidado mientras te beso el cuello. Y sí, lo siento, pero también te voy a morder. Me gusta… Y el pecho, los hombros. No dejes de tocarme, por favor. ¿Por qué cierras los ojos? Me gusta que me mires… El vientre. Suspiro. Sí, también me gusta tu sabor, y sentir cómo lates en mi boca. Gimo.

¡Shh! Por favor, más bajo. Hay gente en casa. ¡Hey! Te dije que hoy me toca a mí. ¿Te duele si me siento encima? Sí, lo sé, ya a esta hora no te duele nada, ¿no? Tus dedos son mi perdición. No me aprietes muy duro, ¿sí? Te necesitaba.

Me muevo encima de ti. ¡Joder! Me encanta esa mirada. Me da miedo y al mismo tiempo me estremece. Gimo más fuerte. No me mandes a callar, ya no me importa. No puedo evitar apretarte el pecho, encajarte los dedos, las uñas, el alma.. Estoy temblando, literalmente temblando. Y tú solo tienes que poner tus manos sobre mis caderas para que gima aún más.

Me inclino adelante, quiero besarte. Estoy toda erizada y tus dedos en mi espalda me torturan. Te miro a los ojos una vez más, solo eso necesito para desgarrarme. Y conmigo, tú.

Suspiro. Abrázame, por favor. No hagas nada más, solo abrázame.

¿Por qué demoraste tanto en aparecer?

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