Despertar III

La luz se abrió paso entre las cortinas trazando líneas doradas sobre el suelo, las paredes y las sábanas blancas. Entre tanto tu atrinchedabas tu cuerpo tu cuerpo justo en mis vacíos, buscando protegerte del deshielo de las humedades. Cubiertas por mi sombra me apuntaban tus nalgas, casi al desnudo, aspirando una caricia que no se detuvo solo en la espalda y que fue trepando en busca de tus labios. Sonreíste. Y para entonces ya el sol chocaba casi en tu rostro que, adormecido y feliz, dejó escapar un suspiro.

-Buenos días, amor, abrázame otra vez.Despertar III

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